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“Potser jo no soc dona?” El cas de l’activista Rokhaya Diallo

Categories: Crit feminista

09/01/2018

¿Acaso no soy mujer? Pronunció a sus 80 años la entonces ex-esclava de norte-américa Soujourner Truth en la convención de la mujer de Ohio de 1870, haciendo incapié en la doble realidad opresora de ser mujer y negra. Sin saberlo, de forma espontánea, en aquel turno de palabra que se le había concedido selló con sus palabras un poema revelador que a día de hoy no está vacío de contenido; más bien sigue siendo un ejemplo teórico y literal de la práctica eurocéntrica, racista y neocolonial.

El racismo institucional que la activista y periodista Rokhaya Diallo denunció en el Consejo Digital Nacional de Francia impulsado por el presidente Macron para darle una pintada superficial de diversidad a su gabinete, le llevó la expulsión a la activista Diallo de dicho gabinete. El racismo institucional es la práctica de desigualdad por parte del estado por motivos étnicos, ejemplos de ello son las leyes aplicadas a los colectivos migrantes, las deportaciones en caliente, etc.

Un ejemplo de cómo aun con la intención de crear un organismo con una mirada antirracista, el hecho de que una mujer negra levantara la voz para denunciar desde su perspectiva vivencial la existencia del racismo institucional, no le llevo únicamente a la invisibilización, como normalmente pasa, sino que tuvo unas consecuencias contradictoriamente más racistas, dándole espaldarazo a una mujer negra que es invitada para dar una mirada antirracista y crítica en un gabinete que tiene la intención de no ser racista. El motivo fue, y retomando las palabras de Truth: que Diallo dijo demasiado, por ser mujer y, sobre todo, por ser negra.

Parece ser un caso, de lo que en palabras de Judith butler se llama paradoja de la subjetividad es decir, todas aquellas reivindicaciones que llevadas a voluntad popular son engullidas por un sistema que las termina habilitando y dando una respuesta sin solución: una arma de doble filo mediante la cual se acalla al colectivo reivindicativo; se bloquea la voluntad popular mediante la resignación; y la falta real de interés, de profundidad y de actitud para cambiar dicha realidad lleva a la permanencia de esta de una forma más opaca e invisibilizada. En definitiva: el estado dice hacerse cargo de dicho problema o conflicto, pero no lo hace. En este caso, como la denuncia la hizo una persona externa al sistema, simplemente la anularon.

Ante esta situación, la pregunta es: y si lo hubiera dicho otra persona, ¿qué habría pasado? ¿y si dicha persona tuviera unas características sociales distintas a las de Diallo, empezando por ser blancx o formando parte del gobierno? La respuesta es clara: probablemente se le hubiera hecho caso, porque en este caso es el sistema quien lleva a cabo tal decisión.

El problema de la supuesta superioridad moral conducida por la supremacía blanca, la cual, como indica la activista marroquí Sirin Adlbi Sibai lleva a discernir qué decir y no decir; qué hablar y no hablar; qué cambiar y no cambiar y, sobretodo, quién realiza tales acciones lleva a que lxs blancxs producen los cambios con otrxs blancxs, no con personas que forman parte de la otra línea, de la otredad. Eduardo Galeano hizo indicio de esto, ya en 1971 cuando en la intro del libro Las venas abiertas de América Latina dice “La división Internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”. En este caso, Diallo forma parte de la otra parte de la línea,de los supuestos perdedores por la herencia histórica que conlleva su realidad existencial, aunque fuera invitada por su activismo afro, se la invitó sobretodo para la foto de la inclusión: lejos de ser realmente escuchada y próxima a ser expulsada si hablaba demasiado.

Irina Illa
Estudiant de Ciències Polítiques
Militant a col·lectius migrants de Catalunya

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